Hace un par de meses escribí, con bronca, que en Colombia contaban los votos en un par de horas y nosotros en Perú seguíamos esperando quién había ganado.
Esa bronca no se me pasó. La terminé convirtiendo en código.
Se llama CONDOR. Inteligencia electoral con IA. Un dashboard que cubrió las elecciones 2026 de Perú y Colombia (primeras vueltas, balotajes, conteo en vivo) y que construí solo, de noche, sin equipo, sin plata de nadie. condorlatam.com.
Este post es la historia de por qué lo hice, qué aprendí, y la parte que de verdad me quitó el sueño: hacer que una IA narrara una elección en vivo sin inventar.
Por qué un tipo construye esto solo
No lo hice para levantar plata. No hay pitch, no hay ronda, no hay planilla que pagar. Lo hice por dos razones, y las dos son medio testarudas.
La primera: quería entender la IA metiéndole las manos, no leyendo hilos de Twitter. La única forma que conozco de aprender algo es construyendo algo que se pueda romper en la cancha.
La segunda: me caga la desinformación en época de elecciones. El WhatsApp de la tía, el captura sin fecha, la encuesta trucha, el "fuentes dicen que". Quería ver si se podía armar lo contrario: una sola pantalla, ordenada, verificable, que no te vendiera humo ni un lado.
Así que en vez de quejarme un domingo más, abrí el editor.
Dos países, un cóndor
CONDOR cubrió dos países, y no en partes iguales. Seamos honestos con el reparto.
Colombia puso la gente y casi toda la narración en vivo. Perú puso la profundidad: más encuestas, más candidatos, más trabajo por debajo. Se ve más de Perú en las fotos porque son de mi tierra; el volumen en vivo fue colombiano. Acá está el reparto, sin maquillar.
El cerebro corre solo todos los días
El corazón de CONDOR es lo que le puse Brain. Un orquestador que corre 8 tareas en fila, todos los días, por cada país, sin que yo toque nada.
Lo cuento en cristiano, porque acá también leen los que no programan:
- Revisa que los datos no estén rotos.
- Verifica las encuestas que entran.
- Cura las noticias del día y descarta la basura.
- Arma un briefing del panorama.
- Compila perfiles de cada candidato, pero solo con cosas verificables sacadas de artículos reales.
- Se chequea la salud a sí mismo.
- Reordena la portada según lo que importa ese día.
- Y al final se audita solo: se pone una nota de 0 a 100 y la compara con la de ayer.
Todo con IA. Todo logueado en una tabla de auditoría, para que si algo sale raro yo pueda entrar y ver exactamente qué decidió y por qué. Un sistema que no puedes auditar no es un sistema: es fe.
Para que te des una idea del volumen: el Brain vigilaba 36 medios distintos y hubo días en que masticó 444 noticias en una sola jornada, para dejarte al final un feed limpio.
Detalle de founder tacaño: el Brain corre con un modelo barato. Para el trabajo de todos los días, alcanza y sobra. La plata (bueno, los centavos) se guardan para el único momento donde no puedes fallar.
El día de la elección: la IA narrando en vivo
Acá está la joya. Y acá está donde casi tiro todo a la basura.
El día E armé algo que llamé Pulse. Cada 5 minutos, una IA lee en vivo los titulares de los medios grandes (El Tiempo, Semana, Infobae, La Silla Vacía, Google News), le suma lo que scrapeo de mi propia base y el preconteo oficial de la Registraduría, y escribe un párrafo narrando la jornada. En tiempo real. Sin mí.
El ritmo daba miedo. El día del balotaje peruano escribió 402 crónicas en una sola jornada: una cada 3 minutos y medio, sin parar, mientras yo miraba.
La primera versión la hice con el modelo barato, el mismo del Brain. Craso error.
El modelo barato alucinaba. Te inventaba "un ambiente de entusiasmo en las calles", "filas desde temprano", declaraciones que nadie había dado. Sonaba precioso. Y era mentira. Justo la cosa que yo estaba tratando de combatir, la estaba fabricando mi propio producto.
Ahí entendí algo que no se me va a olvidar: en una elección, una IA que escribe lindo pero inventa no es una herramienta. Es un peligro.
El validador anti-alucinación
La solución tuvo dos capas.
La primera, obvia: subí a un modelo más caro y más serio para el Pulse. Mejor, pero no suficiente. Un modelo mejor alucina menos, no alucina nunca. Y "menos" no me servía.
La segunda capa es la que me tiene orgulloso, y es más terca que inteligente. Después de que la IA escribe cada párrafo, otro proceso lo audita antes de publicarlo. Las reglas son de portero, no de poeta:
- ¿Mencionaste a Cepeda, a Petro, a quien sea? Ese nombre tiene que aparecer, literal, en un titular real. Si no está, no va.
- Nada de comillas inventadas. Cero declaraciones que no pueda rastrear.
- Nada de "color literario": ni ambiente, ni entusiasmo, ni filas, ni emoción. Datos, no novela.
Y lo mejor: si el párrafo no pasa, no meto un texto genérico de relleno. Le devuelvo el error a la misma IA, le explico qué regla rompió, y la mando a reescribir con esa corrección en la mano. Se corrige a sí misma hasta que pasa el portero.
El de la derecha es un párrafo real que CONDOR publicó el 31 de mayo de 2026. El de la izquierda es el tipo de texto que el validador mataba antes de que saliera.
Todo esto corriendo cada 5 minutos, por unos 2 dólares al día. Barato para lo que hace: entre todos esos días, la IA escribió unas 177.000 palabras en vivo (el equivalente a dos novelas) sin inventar una sola.
Ver eso funcionando el día de la votación (la IA contando lo que de verdad pasaba, minuto a minuto, sin una mentira) fue de las cosas más satisfactorias que construí en años. No porque hablara. Porque se callaba cuando no sabía.
El truco más sucio (y del que más aprendí)
Uno técnico, para los que gustan de la cocina.
En el balotaje quería mostrar cómo se movía la brecha entre los dos candidatos, minuto a minuto, un latido en vivo. La idea era muestrear el número cada par de minutos con una tarea automática. Problema: en mi plan, esa tarea automática no disparaba confiable. A veces sí, a veces no. Inservible para algo en vivo.
La solución fue darle la vuelta al problema: en vez de depender de un reloj que no funcionaba, muestreo la brecha cada vez que un visitante entra a la página. Cada persona que llega, sin saberlo, deja una lectura. Con un candado para que dos lecturas del mismo minuto no se pisen. Más gente mirando, más denso el gráfico. Las visitas se volvieron el motor.
La lección no es técnica. Es la de siempre: cuando la herramienta ideal no está, no te quedes esperándola. Resuelves con lo que hay, en la cancha.
Lo que nadie te dice: la mitad del trabajo son las reglas humanas
Yo entré pensando que el reto era técnico. Modelos, base de datos, gráficos en vivo, la brecha del balotaje moviéndose en pantalla.
Me equivoqué. La mitad del laburo fue codificar reglas del mundo real que ningún tutorial te enseña:
- La veda electoral. En Colombia está prohibido publicar encuestas los 7 días antes. Tuve que esconder todo un panel de encuestas del sitio en esa ventana. Un dato que en otro contexto es útil, ahí es ilegal.
- Bogotá no es Colombia. Parece obvio hasta que la IA te empieza a escribir "el país" cuando habla de una foto de una sola ciudad. Al país se le dice por su nombre.
- "Mesas" no es lo mismo que "puestos". Un puesto es el local; las mesas son las unidades adentro. Confundirlos es perder credibilidad en la primera línea.
- "Preconteo" no es "escrutinio". Uno es informativo y rápido; el otro es el legal, formal, con actas. Mezclarlos es desinformar sin querer.
Ninguna de esas reglas es código bonito. Todas son la diferencia entre una herramienta seria y un juguete que mete la pata en el peor momento.
Un número que me gusta más que cualquier ranking: el verificador revisó 1.793 afirmaciones a lo largo de la cobertura. ¿Cuántas resultaron falsas o engañosas? 31. El resto, en su gran mayoría, era verdad.
Y eso también es fact-checking. Lo fácil es agarrar el megáfono y gritar "fake news" a todo lo que te incomoda. Lo serio es revisar casi 1.800 afirmaciones, cazar las 31 que eran mentira, y tener el estómago para decir que casi todo lo demás que circulaba era cierto. Verificar no es cazar culpables. Es decir la verdad, salga como salga.
Qué me deja CONDOR
Un tipo, solo, en sus noches, armó algo que 51 mil personas usaron para entender dos elecciones. Le costó unos 2 dólares al día en IA. Y la IA narró la jornada en vivo sin inventar una línea.
Cubrió lo que quería que cubriera: 2 países, primeras vueltas, balotajes, conteo en vivo, un quiz de afinidad, comparador de candidatos y de planes, un verificador de fact-checks, imágenes del conteo listas para compartir. Todo desde una pantalla, corriendo casi solo.
Y la gente vino. En 5 meses entraron unas 51.000 personas, casi 96.000 vistas de página. 986 se sentaron a hacer el quiz de afinidad hasta el final para ver a qué candidato se parecían. La IA escribió 3.809 crónicas en vivo el día de las elecciones. Y por debajo, callado, el sistema filtró casi 12.000 noticias para que vieras un feed limpio. Un tipo, un editor, sus noches.
Hay un dato que me quedó grabado. El día del balotaje colombiano entraron más de 5.000 personas, y el pico exacto fue a las 4 de la tarde: la hora justa en que cerraron las urnas. Nadie llegó por curiosidad. Llegaron cuando el número empezaba a importar.
Pero lo que me llevo no es la lista de features ni los números.
Me llevo que un tipo con un editor y ganas puede armar, en sus noches, algo que hace un par de años necesitaba un equipo y un presupuesto. La IA bajó el costo de intentar a casi nada. Eso es enorme y todavía no lo dimensionamos.
Y me llevo la parte incómoda: que la IA por default te va a decir lo que suena bien, no lo que es verdad. Que hacer que no mienta no es un extra que le pones al final. Es la disciplina desde la primera línea. El portero primero, el poeta después.
Empezó como una bronca de domingo, esperando un conteo que no llegaba.
Terminó con 51.000 personas mirando, y una IA narrando una elección entera sin inventar una sola línea.
El humo lo pone cualquiera. Lo difícil es construir algo que se calle cuando no sabe.

