M·B
← back_to_index

El día que dejé de perseguir validación

El día que dejé de perseguir validación

Postulé a Startup Perú 3 veces.

Me rechazaron las 3.

Con un formulario parecido, alguna vez terminé conversando con gente de Y Combinator en Chile. Después Rockstart sí apostó por nosotros en Colombia. Años más tarde, Forbes reconoció a GetLavado como una de las mejores startups del Perú durante 3 años seguidos. Y finalmente, en 2024, Laundryheap adquirió la empresa que habíamos construido.

Bonito verlo así, en orden.

Vivirlo fue otra cosa.

Presentando GetLavado en el escenario de Rockstart Accelerator

La historia real fue bastante más desordenada. Hubo rechazos que dolieron más de lo que quería admitir. Hubo silencios que me hicieron dudar. Hubo momentos en los que sentí que si una aceleradora, un fondo o un jurado no nos elegía, tal vez era porque no estábamos haciendo algo suficientemente importante.

Ese fue uno de mis errores.

Durante años me importó demasiado que alguien de afuera dijera: “sí, esto vale”.

  • Una aceleradora.
  • Un fondo.
  • Un ranking.
  • Un evento.
  • Una nota.
  • Un premio.

Y no voy a hacerme el iluminado: cuando esa validación llega, se siente bien. Muy bien. A todos nos gusta que nos digan que estamos haciendo algo valioso.

El problema empieza cuando esa validación se vuelve gasolina.

Porque si necesitas que alguien te aplauda para seguir, el día que no te invitan, no te aceptan, no te publican o no te responden, empiezas a mirar tu propio camino con desconfianza.

Y si tu startup depende emocionalmente de eso, estás frito.


La validación real casi nunca tiene escenario

A veces tiene forma de:

  • Un cliente que vuelve.
  • Una factura pagada.
  • Un cliente que vende más gracias a tu sistema.
  • Un usuario que te escribe porque necesita el servicio otra vez.
  • Un equipo que sigue ahí cuando sería más fácil irse.

Lo que dolió, y lo que en realidad importaba

Startup Perú me rechazó. Pero los clientes seguían apareciendo.

YC no nos aceptó. Pero seguimos vendiendo.

Forbes nos reconoció. Bonito, sí. Pero no pagaba la planilla.

Rockstart nos abrió una puerta enorme. Pero igual había que salir a vender, cobrar, equivocarse, corregir y sobrevivir.

Laundryheap nos adquirió. Pero el exit no cayó del cielo. Llegó después de años de hacer cosas que no se ven tan bien en LinkedIn: perseguir cobros, ajustar precios, hablar con clientes molestos, ordenar operaciones, sobrevivir a la pandemia, reconstruir equipo y tomar decisiones que no siempre se celebran.


La validación externa sirve, pero llega tarde

Con los años entendí algo simple: la validación externa sirve, pero llega tarde.

Y si esperas a que llegue para creer en lo que estás construyendo, probablemente no vas a durar lo suficiente para verla.

No digo que no postules a concursos. Postula.

No digo que no busques inversión. Búscala, si tiene sentido.

No digo que no celebres premios o rankings. Celébralos. También cuestan.

Pero:

  • No confundas reconocimiento con tracción.
  • No confundas aplausos con mercado.
  • No confundas likes con clientes.

La validación más importante es menos glamorosa:

alguien paga, vuelve y recomienda.

Todo lo demás puede ayudar. Puede abrir puertas. Puede darte energía. Pero no reemplaza lo esencial.


El día que cambió todo

Durante años quise que alguien importante dijera: “sí, esto vale”.

Hoy creo que el verdadero cambio ocurrió cuando dejé de esperar esa frase y empecé a mirar otra cosa:

  • Si el cliente volvía.
  • Si el equipo resistía.
  • Si el negocio aguantaba.

Tal vez ese fue el día en que GetLavado empezó a crecer de verdad.

No cuando nos aceptaron.

No cuando nos premiaron.

No cuando nos publicaron.

Sino cuando dejamos de pedir permiso para seguir construyendo.